ALGÚN DIA.


Tuve una vez,
una amiga, 
su voz era el silencio, 
su mirada era la incertidumbre y sus
palabras eran las horas de mis días.

La amistad que me ofrecía era
intangible, ajena al tacto, 
nunca pudimos abrazarnos;
era un gran sacrificio 
el no poder correr a su brazos. 

Paciente, me esperaba cada
vez que me iba, 
a pesar de las largas demoras 
ella con calidez me recibía, 
pero la soledad y el desgaste 
de los días hizo estragos,
su voz se quebranto y sus palabras
distantes y frías. 

Un día, ella se rindió conmigo
y partió,
quise buscarla pero fue inútil, 
ella se había ido, 
parte de mí con ella marchó. 

Talvez un día ella vuelva, 
mi amiga, Esperanza.
Espero que vuelvas
algún día. 

DESPUÉS DE TÍ.


Te busco en los rincones de mi alma 

cuando los suspiros de la noche

encienden con nostalgia

la vida de los astros.

¡Oh lluvia de mis ojos, 

¡Oh alba de amanecer,

añoranza perdida en los años,

¡oh, mitad errante de mi sueños!

En esta profundidad

del silencio sonoro,

donde las palabras yacen quietas

como un arroyo frío y anegado;

buscan el caudal en el

horizonte que duerme

alicaído en esta fe perdida

sobre el templo de mi cuerpo;

es pecado adorarte

y sentir como el fuego

de tu nombre quema mis entrañas

en las líneas efímeras de mis versos;

y caigo en un abismo

donde las sombras negras

rasgan las vestiduras impuras

de mis vagos recuerdos;

y tu rostro precede

al vacío de mi existir.

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