LIBERTAD ENCADENADA.


Ansío el silencio en tu voz, anhelo el caos en tu calma,

Deseo ser el ancla en los tempestuosos mares que has dibujado.

En la calidez de tu ausencia, encuentro consuelo, pero me duele,

Eres el fuego y el hielo, la contradicción que no puedo romper.

Extraño los colores en tu oscuridad, quiero sentir tu rabia suave,

Caminar por los bordes de la vida que alguna vez construimos.

Eres mi eterno misterio, mi pasado, mi ahora, mi estación sin fin,

Eres la sinfonía que suena cuando todas las notas se han desviado.

Oh, eres el susurro en el viento, el secreto que nunca puedo retener,

La pieza del rompecabezas que encaja pero de alguna manera no me completa.

Estoy perdido en los recuerdos, aquellos que hicimos, los que nunca haremos,

Eres el sueño que no puedo atrapar, siempre cerca, pero lejos para siempre.

Así que déjame ser las sombras en tu luz, el silencio en tu sonido,

Seré el latido ausente en el ritmo que hemos encontrado.

Pues en este abrazo agridulce, hallaré mi verdad, mi destino,

Eres quien me libera, pero me ata a esta ensoñación interminable.

PARA TUS OJOS NEGROS.


 
 

Tenía su mirada un trozo de cielo

un anochecer melifluo, vesperal,
pudo retoñar en mi piel invernal
esos pétalos blancos de un anhelo

Yo que fui roca infertil en el suelo
pequeño miraba el manto sideral. 
Oh lluvia caíste al desierto de sal
en vez de ser bendición fui desvelo. 

Pero existí entre tu cuerpo de mar 
respire el madrigal de tus cabellos
fui eterno al poder tus labios besar;

Entre silencios bajo aquellos destellos 
cuando el alba azul estaba por llegar 
hallé refugio en tus ojos bellos. 

UN CRISTAL IMPENETRABLE.


En un idílico sueño

soñé estar enamorado 

de una mujer de ojos verdes

que me había fascinado.

Se interponía entre ambos

un diáfano cristal

que en ese onírico estado

cruzarlo era esencial.

La miraba obnubilado

preso de aquel sortilegio

con mi lascivia mirada

verla era un privilegio.

Deseoso de abatir

aquel muro infranqueable

henchido de desear

comencé a verlo insalvable.

Con denodada impaciencia

quise acariciar sus manos

mis palmas sobre aquel vidrio

soñé como nos tocamos.

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